La historiadora despliega con mesura la complejidad administrativa: la organización de los ayllus, la fiscalidad del estado, las redes de caminos que conectaban tambos y centros ceremoniales. Pero su prosa no permanece fría: es capaz de detenerse en el susurro de las narraciones orales, en las crónicas coloniales que, fragmentadas y sesgadas, obligan a recomponer rostros y voces. Rostworowski devuelve humanidad a personajes que, en otros relatos, suelen quedar reducidos a cifras tributarias o nombres en una lista.